Bajamares. Antonio Tocornal

BajamaresLlegó a mí, la novela Bajamares (Sloper), de Antonio Tocornal, tras haber leído una suya anterior, Árida. Es inevitable, como lectores, a veces, buscar similitudes; como un hilo conductor entre historias de un mismo autor. Y, en este caso, creo que las hay, pero no me toca aquí ni ahora compararlas. En cambio, si me nace decir casi como una nota a pie que tanto aquella como esta fueron galardonadas con un premio literario. Bajamares, con el Premio de Novela de la Diputación de Córdoba, en 2018.

Vayamos al argumento, a lo mollar de la historia de esta narración. Comenzaré hablando del lugar, el centro de gravedad de los personajes que la atraviesan. Una isla, un islote, en realidad, llamado Roque Espino, a unas pocas millas de una localidad llamada Malamuerte. En ese isole no hay mucho, arena, rocas, lagartos y un cementerio donde descansan enterrados los marineros muertos que el mar ha traído a lo largo de los años… Ah, y un faro. Uno que necesita de un farero, de un guardafaros, para encenderlo y apagarlo, dos acciones a lo largo de cada día, sin descanso. Bajamares es mucho más que la historia del protagonista, del farero, de aquel joven que solicitó el puesto hace más de medio siglo. Se nos antojaría monótona una narración de alguien aislado, alejado del contacto con otras personas, obligado a pequeñas rutinas para evitar el desespero y la renuncia. Pero no es así.

Tocornal ha tramado como esas redes de pesca que se tejen y remiendan una narración polifónica, abierta y cerrada al mismo tiempo. La ha zurcido con distintas voces narrativas e incluso deslizando una parte documental, casi para dar una capa extra de verosimilitud a todo lo anterior. El guardafaros, el barquero que le trae las provisiones, el narrador omnisciente y alguna voz más que no contaré conforman la tierra firme de algo parecido a un sueño soñado, evocado, traido a nosotros en una suerte de pergamino en el interior de una botella liberada al mar. Algo que le sucedió, no sé si decir de un modo metafórico, a la novela, cuando vio la luz por primera vez en 2020, a causa de la pandemia. Sloper la reedita este 2026 con un prólogo de Nadal Suau, quizá para resarcir al libro de aquellas circustancias adversas. Entre el prólogo y la página final vive la historia como ese farero, con su vida interior, con sus excentricidades, entre la luz cegadora del día y la oscuridad de la noche iluminada por el faro. Una novela de identidades, de búsqueda interior, de la frontera entre lo real y lo soñado o lo evocado. Bajamares es una isla y un oasis, aunque suenen opuestos o quizás no tanto. Una novela sobre un lugar y, a la vez, sobre muchos otros, ese que habita en nosotros en forma de mundo interior, poblado de reflexiones como fantasmas, deshabitado en apariencia, pues cada cual es el farero de su propia conciencia desde que llega de la amniótica isla hasta que se apaga la luz y volvemos al eterno mar.

Bajamares. Antonio Tocornal. Editorial Sloper

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