“Give cumbia a chance”. El pasado 21 de Noviembre tuvimos la oportunidad  de ver en directo a una de las propuestas  más cargadas de originalidad y frescura de toda la música latina: Camilo Lara y su Instituto Mexicano del Sonido.

Sin saber muy bien que me iba a encontrar y con los oídos ya muy bien aclimatados tras acudir al segundo aniversario de las So Simple Sessions esa misma tarde (recital de Nora Norman y Alana Sinkey), acudí a las puertas de la Taboo dispuesto a ver lo que Camilo Lara y su gente podían dar de si en vivo. La media hora de frío esperando la apertura del local fue un soportable sufrimiento en contrapartida a lo que me recibió dentro, donde nada mas entrar unos dj´s iban amenizando la velada con una miscelanea de clásicos de música latina (salsa, bachata, y sobre todo bien de cumbia) aderezados con toques de electrónica que subían el tempo y el calor de la sala de manera notable.

Humo, bambalinas, reencuentros y encuentros, la sala se fue llenando hasta alcanzar un lleno notable (mas para ser un jueves), palpándose las ganas y el ansia de muchos de los presentes de que saltasen al escenario los de Ciudad de México. Resaltable la legión de seguidores que manejan este colectivo, obviamente en su mayor parte latinos aunque la multiculturalidad era palpable, encontrándome en varias ocasiones con gentes de otras partes del mundo a los que les había pillado el directo haciendo turismo en la capital y no habían dudado en acudir.  Banderas, camisetas y proclamas animando a los artistas desvelaban que el grupo iba a ser bien recibido, casi igual o mejor que en su tierra natal.

Alcanzadas las 11:30, silencio y oscuridad aparecieron mientras resonó la mítica proclama de Michael Buffer, “Let´s get ready to rumble” como aviso de que empezaba el show de verdad, en mayúsculas. La obvia locura colectiva a la que dio lugar esto fue acompañada de una fusión de canciones de los mas variado (pude reconocer entre ellas los acordes de “Intergalactic” de los Beastie Boys) mientras la banda de 3 componentes salían al escenario al grito de “¡Cumbia!”entre clamores y manos en el aire. Cumbia que iba a ser omnipresente el show, empezando por la elección del primer tema “Que rico” (“Por las muchachas que les gusta la cumbia”) e influenciando toda la fiesta de manera reseñable.

Gran directo, repasando toda la trayectoria del grupo con una selección de temas destinada a que ningún músculo en toda la sala estuviese demasiado tiempo inmóvil. Canciones históricas como “El jefe“, “México” (impresionante respuesta del publico, momento muy especial), “Es-toy” o “Hiedra venenosa“, recurrente y divertidísima  historia ocurrida en la misma Madrid donde actuaban por primera ocasión, pero que conocían perfectamente tras haber grabado en parte y publicado sus primeros trabajos en una discográfica de la capital, para ser mas exactos del castizo barrio de Malasaña.

La gente no paraba de bailar en toda la sala contagiados de los pegadizos ritmos de cumbia que adornaban gran parte de las instrumentales de este grupo sin pelos en la lengua y sin barreras en la mente. La consigna era clara, con las camisetas de “Give cumbia a chance” y sin frenar un instante el ritmo, buscando la total implicación de los asistentes con la fiesta que se estaba viviendo. Ritmo frenético, sin pausa según continuaba el desfile de hits del grupo: “Alocatel“, “Mirando a las muchachas” o uno de los grandes puntos de inflexión de la noche, “Yo digo baila“, donde parafraseando el titulo de la canción enloquecieron a sus fans moviéndolos a su antojo y demostrando que la fiesta iba a ser memorable.

Camilo es un líder nato, tanto dentro como fuera del escenario y su influencia y carisma tienen gran parte de la responsabilidad del éxito de este grupo, que demuestran en directo una personalidad arrolladora que traspasa fronteras y corazones. Continuó la progresión ascendente de temazos hasta llegar a esa simple obra de arte que es “Escríbeme pronto” (como dar en el clavo sin complicarse mucho con una estructura) consiguiendo quizás el mayor momento de locura colectiva en la sala. Un amago de final de concierto, frenado rápidamente con “El micrófono” y la movida “Mi negra a bailal“, con invasión de escenario por parte del publico en este ultimo tema que ponía el broche al show. Ya era la 1 de la mañana, y es que el tiempo discurre volando cuando suben de tal manera las pulsaciones en un directo.

Gran puesta en escena, que nos dejo a todos con una sonrisa en los labios, y personalmente la afirmación de que estaré atento a las próximas visitas de este gran grupo. Un toque de color y energía en el frío del adelantado invierno en un jueves en la capital. El fuerte contraste del “Mauvais Oeil” de Lunatic en los cascos durante la vuelta en metro me llevó de regreso a la gélida realidad de Madrid, aunque sintiéndome un poco mas cerca de Ciudad de México por un día.

 

 

 

Marco AceitunoConciertos
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