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Dry the River o la historia de cómo una fecha que se antojaba complicada se convirtió en uno de los conciertos más animados del año.

Lunes después de semana santa y un grupo folk indie no suele ser el ingrediente que garantice una gran fiesta, pero esto de la música a veces también funciona como una receta de cocina donde la mano al mezclar puede ofrecer un resultado excepcional.

_DSC4204Quizá el desgaste del largo fin de semana hizo mella en la asistencia, solo media sala llenaba Futurum pero… qué media sala. Desde el primer acorde la parroquia se entregó totalmente al cuarteto que paseo sus tres álbumes cargados de cuidadas letras y estribillos creados para ser coreados en estadios o por gargantas caldeadas por sentimiento y alcohol. Todo ello sazonado con descargas de guitarra que hicieron la delicia de los presentes.

Como nota especial en los bises, los integrantes de Dry the River bajaron a la platea y tocaron ese penúltimo tema en acústico mezclados entre el puúblico para disfrute tanto de asistentes como banda, que no dejó de regalar sonrisas cómplices y hasta por momentos de timidez durante el concierto por la calurosa acogida checa. Algo que, como hemos resaltados en numerosas ocasiones, es muy complicado dada la parquedad en gestos que se acostumbran a dar por las tierras de Bohemia.

Tras el concierto el cantante Peter Liddle nos confesaba que estaba gratamente sorprendido ya que la respuesta del público en sus actuaciones suele ser más tranquila, pero que en esta ocasión había sido excepcional.

Gran éxito del primer, pero seguro que no último, concierto como cabeza de cartel de Dry the River en Praga.

Redacción: Antón Ben
Fotografía: Alejandro Rived

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